USA pierde brillo en Medio Oriente

POR LA ESPIRAL

Claudia Luna Palencia

La Casa Blanca ha pretendido una agenda en Medio Oriente que ha podido cumplirse parcialmente porque Biden ha retornado a su país sin ningún gran acuerdo signado ni con Arabia Saudita, ni con el resto de los países del Golfo, primordialmente en materia de seguridad y de defensa contra Irán y avanzar en el establecimiento de las relaciones de Israel con otros países de la región. 

​Con Israel signó un acuerdo conjunto para evitar que Irán obtenga la bomba nuclear si bien Biden reiteró que está dispuesto a volver a la mesa de negociación con Irán para restablecer el Acuerdo Nuclear de 2015  abandonado por Trump –de manera unilateral– tres años después de su puesta en marcha. 

​También viajó a Cisjordania, para reunirse en Belén con el líder de los palestinos, Mahmud Abas, a quien reiteró su apoyo a la Solución de los Dos Estados (todo lo contrario a la postura del republicano Trump) y reiteró que el pueblo palestino “se merece su propio Estado”.

Ante el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), el mandatario estadounidense anunció 201 millones de dólares para los programas de los refugiados palestinos de la ONU.  Y ofreció un plan de 100 millones de dólares para reforzar los hospitales palestinos. 

El líder palestino solicitó a Biden que elimine de la lista de terroristas a la Organización para la Liberación de Palestina y que dé su visto bueno para abrir una oficina de Palestina en Washington. 

A COLACIÓN

​Hay un intríngulis de intereses intrincados en Medio Oriente y participa la región además en varios de los llamados conflictos calientes: desde 2011, la intestina guerra civil en Siria en la que recalan los intereses de Rusia, Irán, Turquía, Israel, Arabia Saudita y Estados Unidos. Después está Yemen que también es pasto de los apetitos de estos países. 

​A Estados Unidos le interesa mantener una relación estratégica con Arabia Saudita para hacer de contrapeso a los planes de Irán por obtener un rol más preponderante en la región respaldado por Rusia. 

​La petrolera Saudi Aramco produce 10.3 millones de barriles diarios de petróleo, según Estados Unidos podría tener un margen de disponibilidad para bombear hasta 12 millones de barriles diarios. 

​Sin embargo, Biden no logró convencer al régimen saudí  a favor de que incrementase su producción diaria y el propio Abdelaziz bin Salmán,ministro de Energía de Arabia Saudita, cree que será hasta 2026 o 2027 cuando el país estará en condiciones de aumentar hasta 13.4 millones de barriles diarios. 

​Biden no ha conseguido más petróleo pero tampoco ningún acuerdo concreto con los países del Golfo tras la reunión de Jeddah, en Arabia Saudita, del 16 de julio pasado, con los líderes de Kuwait, Baréin, Qatar, Jordania, Irak, Omán, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y el país anfitrión.

Los líderes de los países árabes lo han escuchado pero ninguno se ha posicionado a favor de apoyar a  Estados Unidos en sus sanciones contra Rusia ni han mostrado su respaldo a Ucrania. Ninguno secundó las pretensiones de Washington por signar un gran acuerdo de seguridad regional y ni siquiera el fantasma de Irán los ha unido y es más algunos países como Emiratos Árabes Unidos están recibiendo los capitales rusos en su huida de Occidente. 

La política imperialista estadounidense enfrenta un vacío en Medio Oriente que no olvida todo lo que ha sucedido en Afganistán e Irak. Todo lo contrario, por un sendero sin baches, China avanza con sus inversiones y su política “amistosa” de la Nueva Ruta de la Seda.

Estados Unidos habla el lenguaje de la guerra, de la defensa, de la disuasión y  de crear frentes contra China, Irán y Rusia. La réplica desde Beijing llega a Medio Oriente en forma de inversiones: en Irak ha invertido 100 mil millones de dólares para el sector de la construcción y empresas como PowerConstruction Corporation of China tiene planes de edificar mil escuelas; en Omán ha invertido en el puerto de Duqm; en Irán invertirá 400 mil millones de dólares en diversos proyectos de infraestructura para el largo plazo. Pero hay más inyección de inversiones en otros países de la región. Estados Unidos enfrenta un claro vacío en la región.

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