Copernicus y la devastación volcánica

Por la Espiral

Claudia Luna Palencia

En España, ante la emergencia en la isla de La Palma, Ángel Víctor Torres, presidente de la Comunidad Autónoma de Canarias, junto con el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), solicitaron la utilización de Copernicus al Centro Nacional de Seguimiento y Coordinación de Emergencias.

            ¿Qué es Copernicus? Se trata de un potente programa de información geoespacial creado por  la Unión Europea (UE) en 2008 mediante la Agencia Europea del Medio Ambiente en conjunción con la Agencia Espacial Europea (ESA) orientado a la observación terrestre de alta calidad con avanzadas herramientas satelitales  mediante imágenes y cartografías y además con información recopilada (accesible para toda la comunidad científica mundial) en seis rubros: territorio, atmósfera, marino, seguridad, cambio climático y emergencias.

            Gracias a este servicio, el gobierno de España tiene cartografiada la devastación ocurrida durante  las primeras 72 horas de la erupción en el Cumbre Vieja: hay 153 hectáreas arrasadas por la lava que avanza lentamente como si fuese una inmensa masa densa que va quedando solidificada formando paredes de hasta 15 metros de alto. Hay más de 320 casas destruidas de todos los tamaños mientras los vecinos desalojados lloran amargamente sus penas viendo cómo en escasos minutos el monstruo incandescente lo destruye todo.

            Con Copernicus explica, Diana Morant, ministra de Ciencia e Innovación del gobierno de España, los datos principales que están siendo empleados en el control de La Palma son proporcionados por el satélite Sentinel-1, Sentinel-2 (que cuenta con un instrumento óptico multiespectral), Sentinel-5P y por otras misiones nacionales de los países miembros que contribuyen al programa.

A COLACIÓN

            Mientras desalojan vecinos y trasladan a los turistas hacia otras de las islas del archipiélago canario, hasta La Palma vuelan decenas de investigadores científicos, sismólogos y vulcanólogos para estudiar este fenómeno de la naturaleza.

            La gran interrogante es cuánto durará la emisión de la lava, una respuesta que depende de la cantidad de magma concentrado en el reservorio y para eso existen algunas estimaciones.

            En la opinión  de Miguel Ángel Morcuende, director técnico del Pevolca, el Cumbre Vieja si bien ha entrado en una zona de “mini estabilidad” no deja de ser explosivo y llama mucho la atención la lentitud del avance de las coladas que empiezan a solidificarse rápidamente  y no terminan de desembocar en el mar.

            El especialista que, antes se desempeñaba como jefe del            servicio de Medio Ambiente y Emergencias del Cabildo de La Palma, pone en valor los datos aportados por las predicciones matemáticas que indican que la lava seguirá avanzando pero sin la certeza de terminar en el mar.

            Respecto de las previsiones de la duración de las emanaciones incandescentes, el Instituto Vulcanológico de Canarias, ya tiene  una respuesta: las  ubica entre un mínimo de 24 días y un máximo de 84 días.

            Los ciudadanos de La Palma podrían llegar a final del año con la pesadilla todavía desarrollándose,  el gobierno autonómico prepara una petición de ayudas económicas con la declaración de activar el rescate de zona catastrófica. Lo más imprescindible  es realojar  a más de 350 familias que se han quedado sin vivienda; de hecho, se busca espacio en las viviendas sociales del gobierno y en las propiedades habitacionales de los bancos.

            Mediante un férreo esfuerzo, tanto los bomberos como las fuerzas de la Unidad Militar de Emergencias, trabajan con ahínco haciendo zanjas para desviar el mazacote de lava a fin de salvar todas las propiedades que sea posible.

            La isla acostumbrada a tener actividad sísmica y volcánica está viviendo en pleno siglo XXI, la peor catástrofe de que se tenga memoria; ya en 1971 otro volcán, el Teneguía, entró en actividad el 20 de octubre de ese año, llevaba dormido desde 1677.

            En aquella ocasión murió  un turista por la emanación de los gases tóxicos y no hubo pérdidas materiales que lamentar, el volcán se apagó un total de 29 días después.

            Casi cincuenta años han transcurrido y ahora  el Cumbre Vieja ruge en medio de una superficie más densamente poblada con 84 mil 793 habitantes distribuidos en  708.3 kilómetros cuadrados. Hay gente que empieza a clamar responsabilidad por permitirles edificar en terrenos  aledaños, mientras llaman a sus compañías aseguradoras para reclamar el cumplimiento de las pólizas. La gente está viviendo una pesadilla, de la noche a la mañana, se han quedado solo con sus recuerdos…

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