El aniversario del miedo

Por la Espiral

Claudia Luna Palencia

Todavía me erizan la piel, las terribles imágenes de dos aviones estrellándose contra dos moles repletas de personas que, a esas horas, iniciaban su jornada laboral o inclusive, algunos turistas inquietos, subían a lo alto para observar las impresionantes vistas desde las Torres Gemelas.

            Aquella mañana aciaga  del 11 de septiembre de 2001, murió algo más que miles de seres humanos inocentes, con ellos agonizó toda posibilidad de tener paz en el mundo.

            Han pasado dos décadas y no solo somos veinte años más mayores sino que, aquel parteaguas, aceleró una serie de acontecimientos que han terminado por modificar los contrapesos del poder global y del equilibrio geopolítico y geoeconómico.

            Desde la caída del Muro de Berlín en 1989 y el posterior desmantelamiento del bloque soviético comunista, con el consecuente colapso de la Guerra Fría, prácticamente Estados Unidos había  salido vencedor y con él su fórmula de capitalismo y democracia quedándose solo al frente imponiendo de alguna forma su visión unipolar.

            Aunque por los años de 1980, el Departamento de Estado de Estados Unidos, venía elaborando informes acerca de la inminente competencia que representaría China para la hegemonía norteamericana.  La URSS ya no era el punto focal… lo eran los chinos.

            Al inicio del siglo XXI, Estados Unidos como potencia económica y militar había llegado con las preocupaciones que arrastraba al respecto de sus roces con Irak, con Libia, con Irán, con Corea del Norte que, en ese momento, ocupaban buena parte de sus labores de Inteligencia.

            Tras los ataques por sorpresa del 11 de septiembre de 2001 –otro escalofriante Pearl Harbor– esta vez en el corazón del bajo Manhattan y además sin un conflicto bélico mundial, en los años siguientes se aceleró el ascenso de China como potencia y Rusia volvió a la arena internacional como fuerte actor geopolítico.

            Mientras, el presidente George Walker Bush, planeaba una invasión a Afganistán avalado por sus aliados de la OTAN tras invocar el artículo 5, se dijo para atrapar a Osama Bin Laden y destruir a la red Al Qaeda ambos señalados  como culpables de los atentados, China finalmente celebraba su inclusión en la Organización Mundial del Comercio (OMC) tras largos años de intentar su adhesión.

            Si en 2001 tenía una participación en el comercio mundial menor al 15%, veinte años después controla casi el 50% del comercio global. China y Rusia son los dos países que más se han beneficiado del parteaguas abierto a raíz del 11-S.

            En estos años, la hegemonía china ha crecido prácticamente en todos los renglones y acelera su influencia global con su Nueva Ruta de la Seda (One Road, One Belt). Todos los años que la Casa Blanca ha dedicado tiempo, dinero y esfuerzo en mantener sus tropas en Afganistán y en librar sus invasiones a Irak,  a Libia y a Siria, la estrategia china por su parte ha seguido planes quinquenales de fuertes inversiones para dotar al país de más tecnología y competitividad.

A COLACIÓN

            Me parece que en esta trágica historia quedan muchos cabos sueltos. ¿Qué había realmente en Afganistán para permanecer tanto tiempo en un sitio tan orográficamente complicado? Además un viejo conocido para las fuerzas estadounidenses y la propia CIA que habían dado armas y apoyo a los afganos contra las fuerzas soviéticas en la guerra que inició en 1979 y concluyó en 1989 con el ejército soviético volviendo a su casa.

            ¿Por qué  Estados Unidos en el país afgano? A Osama Bin Laden, según señaló el  entonces presidente Barack Obama,  un grupo de Seal lo asesinaron en una casa en Pakistán en mayo de 2011… no obstante permanecieron diez años más en Afganistán. El 11-S ha sido un pretexto de 2.2 billones de dólares gastados por el erario norteamericano, como cuando Bush dijo que Hussein tenía un arsenal de armas químicas y biológicas y nunca encontraron nada.

            A Bush,  días antes del 11 de septiembre, le llamó un joven Vladimir Putin que, como presidente de Rusia, tenía información vital… le dijo que sus servicios secretos alertaban de un ataque inminente a Estados Unidos y que Rusia, no tenía nada que ver; le comentó que le preocupaba mucho el asesinato de Ahmad Shah Masud, uno de los líderes antitalibanes más fuertes en la región, muerto en una falsa entrevista que terminó con un autoatentado. En la actualidad, su hijo, Ahmad Masud, combate a los talibanes que en su retorno quieren controlar  Panshir.

            Al poco Bush le agradecería el gesto invitando a Putin a Estados Unidos, se vieron varias veces en los años de su gobierno, desde la Casa Blanca habían vuelto a abrirle la puerta a Rusia como actor político relevante y ese hecho fue aprovechado por un sagaz Putin.

Han pasado veinte años y ahora estamos inmersos en otra burbuja de miedo con un virus que está cobrándose millones de vidas, quizá está pandemia, no esté del todo exenta de estos juegos del poder. Ahora mismo, China sigue siendo la más beneficiada dentro de la pandemia y junto con Rusia, aprovechan las vacunas para extender sus áreas de influencia.  El mundo es otro… el miedo es el mismo. 

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