Una vigorosa respuesta fiscal. Por Claudia Luna Palencia

Desde hace más de un año, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, abordó la pandemia y sus efectos colaterales en términos de una “guerra” contra un virus que pondría en jaque, no solo la salud mundial, sino  bajo presión  a la economía global.

Y no se equivocó: catorce meses después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarase la pandemia -el 11 de marzo de 2020- han fallecido más de 3.3 millones de personas infectadas por coronavirus (en cifras no oficiales y estimadas) a nivel mundial y el PIB global se contrajo 3.3% de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

No han habido bombas, ni armas de destrucción masiva, pero este enemigo invisible ha causado tantos estragos en tan corto tiempo en medio de una globalización tenaz.

En términos humanitarios ha provocado un daño en vidas y en enfermos que arrastran secuelas tras haberse contagiado, desencadenando con ello, una nueva carga contra los sistemas sanitarios públicos.

Hasta el momento, se ignora en el tiempo, en qué fecha será controlado el contagio lo que añade un escenario de incertidumbre fiado además al ritmo de la vacunación anticovid.

En términos económicos se ha sufrido una destrucción de empleo considerable, algunos puestos laborales no volverán a recuperarse más; y además, la pandemia ha jugado un papel de acelerador de las transformaciones digitales que avanzaban a un ritmo más lento poniendo a la Sociedad de la Información como eje de las interrelaciones laborales, sociales, familiares, productivas, informativas y en el renglón del consumo.

A esta guerra biológica que ha dejado un boquete en las finanzas públicas provocando gastos extraordinarios y obligando a muchas economías a ampliar su objetivo de déficit se le está contrarrestando desde varios frentes: para preservar la salud pública mundial se avanza en la vacunación con varios laboratorios ofreciendo sus dosis desde Pfizer-BioNTech, Moderna AstraZeneca,  Janssen-Johnson&Johnson, Sputnik V, Sinopharm, CanSino y Sinovac; y también con la investigación de medicamentos preventivos así como de placebos.

Por el lado económico, la estrategia tiene varios frentes fundamentalmente impulsada por la política fiscal y el suero inyectado a la economía va diluido en estímulos, subsidios directos, transferencias y primordialmente impuestos.

Tanto el FMI, como el Banco Mundial, están preocupados por los niveles de endeudamiento que la pandemia está dejando no solo en las economías menos desarrolladas sino fundamentalmente en los países industrializados.

Desde el año pasado, el FMI junto con el Banco Mundial  y  la OCDE, recomendaron a los países redoblar su respuesta fiscal y elevar su nivel de gasto a niveles superiores a los llevados a cabo para contrarrestar los daños negativos de la crisis de las subprime en 2008.

A COLACIÓN

El efecto económico de la actual pandemia ha sido más devastador que la Gran Depresión de 1929, la Gran Recesión de 2008 y cualquier otra crisis de la que se tenga referencia en el siglo XX.

De la Gran Recesión se demoró en salir una década, esencialmente las economías industrializadas, con Estados Unidos en una recesión, también la Unión Europea (UE) experimentó una larga y oscura contracción.

Apenas se empezaba a respirar y ocurrió la pandemia, la única forma de salir del atolladero con un horizonte de estabilidad, según el Banco Mundial, será con una vigorosa respuesta fiscal básicamente en el Grupo de las 20 economías de mundo.

El G-20 representa el 85% de la economía mundial y está conformado por: Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur, Turquía, el Reino Unido, Estados Unidos más la UE.

Precisamente, se anticipa que en la próxima Cumbre del G-20 en Roma,  a finales del mes de octubre serán discutidos dos impuestos impulsados desde varios organismos internacionales como son: el impuesto mínimo global que ha evolucionado de la llamada Tasa GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) que gravaría de forma coordinada las ganancias de las multinacionales tecnológicas y digitales una idea trabajada en los últimos años desde el seno de la OCDE; y el otro gravamen, se trataría de una tasa en forma de suplemento para las rentas más altas que algunos han llamado como Tasa Covid y que serviría para facilitar la reconstrucción económica. 

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