POR LA ESPIRAL

                                              

            La tormenta perfecta desatada por la emergencia sanitaria global ha dejado al descubierto las flaquezas de varios políticos en posiciones de toma de poder relevantísima para afrontar el vendaval desatado por el coronavirus con consecuencias económicas inéditas.

            En varios casos ha profundizado sus debilidades dejando a los gobernantes solos ante el espejo del estrepitoso fracaso, ya no pueden ocultar más su incapacidad de gestión, ni en las buenas, ni en las malas.

            En la medida que avanzan los días, que el coronavirus extiende, y en algunos países logra ser controlada la velocidad de transmisión y se intentan diversas fórmulas para volver a “una nueva normalidad”, in crescendo la población desperezada de los confinamientos va dejando sentir su descontento no solo por sentirse víctima del virus sino también huérfana de la actuación del gobierno.

            No se libran de la caída estrepitosa y de la lluvia de críticas desde el mismísimo Donald Trump, que quién lo diría (vamos ni el oráculo) ha pasado de tener el camino despejado para la reelección en enero pasado a encontrarse al borde del fracaso a principios de mayo.

            A Trump solo lo reelige una guerra o un atentado terrorista porque sus niveles en las encuestas están por los suelos; lo mismo que el presidente galo, Emmanuel Macron, que ya libraba una batalla frenética en las calles con los chalecos amarillos; no tiene entendimiento con la banlieue el pulso se ha distendido un poco porque la pandemia y el confinamiento impide las concentraciones masivas en las calles… por ahora.

            Reino Unido, con el primer ministro Boris Johnson, carece aún de  un plan de desescalada aunque eso sí después de contraer el coronavirus y estar hospitalizado en cuidados intensivos  en el hospital Saint Thomas ya no es tan escéptico al respecto de la maldad de este patógeno.

            Johnson que decidió pasar a la historia como el primer ministro que activó el Brexit ha dejado en el aire qué pasará con el resto de las negociaciones entre la Unión Europea (UE) para tener un plan de entendimiento antes del 31 de diciembre de esta año bisiesto; al pelirrubio ya lo ha rebasado toda la situación interna estoy segura que Theresa May debe estar sentada en el salón de su casa observando todo lo que se libró de enfrentar si siguiese como primera ministra.

            Otros políticos damnificados de esta pandemia son el presidente de España, Pedro Sánchez, que hoy solicitará al Congreso una nueva prórroga –la cuarta- del estado de alarma; se le queman los cartuchos al político del PSOE que ya ve venir su futuro: una vez concluya, el estado de alarma, será repasado por la oposición al completo (no es improbable  una convocatoria electoral en 2021) debido a la gestión de la catástrofe económica con una previsión de una caída del PIB, de entre el 9% al 12%, y ser el país con mayor número de personal sanitario en hospitales contagiados por coronavirus, estamos hablando de más de 43 mil personas.

            En Italia, el primer ministro Giuseppe Conte, es otro entre la espada y la pared, se trata de otra de las economías más golpeadas por el coronavirus; bajo la costumbre de la inestabilidad política que reina a este país, tampoco son imposibles otras elecciones generales quizá antes de que concluya el año, en el sur de Italia la mafia es la que ha controlado el confinamiento y la que ha ayudado a la población más vulnerable con víveres y medicamentos.

A COLACIÓN

            Hay un grupo de mujeres gobernantes que se libran del señalamiento ciudadano en medio de la pandemia, de hecho, han visto crecer sus bonos electorales gracias a su eficiente toma de decisiones ante el golpe del Covid-19 y el coletazo económico.

            Al menos la prensa internacional señala a siete poderosas féminas que han acertado con sus decisiones políticas: en Taiwán,  su presidenta Tsai Ing-wen, no solo ha ganado en popularidad por su confrontación con el gobierno chino y directamente con el mandatario Xi Jinping sino que ha afrontado el curso de la pandemia con valor y templanza sin recurrir a la hibernación económica total ha hecho corresponsables a sus ciudadanos que han comprendido las reglas de la higiene y del distanciamiento social.

            En Europa,  encontramos otras distinguidas gobernantes bastante congratuladas con su respectiva ciudadanía: comenzando con la canciller germana, Angela Merkel, ella desde el año pasado anunció su retiro político en 2021 pero hoy la gente le pide que se quede y que lo reconsidere ha sido la gobernante mejor valorada por su eficacia y hierática fortaleza y sobre todo por su acertada toma de decisiones, la sinceridad -directa como es- ha permitido que los alemanes entiendan que sin vacuna se contagiará entre un 60% a un 70% de la población y que deben reorganizar sus hábitos de higiene y de distanciamiento social. Hacer test y un sistema de salud admirable ha permitido que sea el país con menor mortandad por coronavirus.

            También destacan políticas mucho más jóvenes que Merkel pero sin duda fuertemente inspiradas por la experiencia como gobernante de la canciller (65 años de edad y dirige Alemania desde 2005) y son: en Finlandia, la primera ministra, Sanna Marin, de 34 años de edad; en Islandia, la primera ministra, Katrín Jakobsdóttir, 44 años de edad; en Dinamarca, la primera ministra, Mette Frederiksen, de 42 años de edad y en Noruega, la primera ministra, Erna Solberg, de 59 años de edad.

No debo dejar al margen a Jacinda Ardern, primera ministra, de Nueva Zelanda también bastante joven con 39 años de edad todas tiene en común que han hecho corresponsables  a sus ciudadanos, les han hablado con la verdad, no han visto en la pandemia una oportunidad política para figurar como redentoras, ni para generar un miedo, que termine acobardando a la gente metiéndola en sus casas para formar una arcilla que en manos de un político manipulador o  ambicioso es maná puro. ¡Qué mejor forma de control con todos asustados y metidos en sus casas!