POR LA ESPIRAL

A  la cita anual del  Foro Económico Mundial, Donald Trump no asistirá mostrando así su desprecio por el cónclave europeo, una actitud recurrente por parte del mandatario estadounidense hacia los organismos internacionales y los foros multilaterales a los que considera innecesarios y quisiera desmontarlos uno por uno para rehacerlos a su forma.

Esta vez su ausencia será secundada por el primer ministro británico, Boris Johnson, émulo de Trump y discípulo de las formas políticamente incorrectas y la diplomacia  de vecindario; el premier -desde finales de diciembre- anunció que ni siquiera enviaría una delegación británica a Davos “para evitar que perdieran su tiempo tomando champaña con los más ricos”  porque su prioridad pasa por desmontar los nexos de Reino Unido con la Unión Europea (UE) a partir del próximo 31 de enero.

Tiempos confusos. Las estrellas de Davos ya no son los más ricos de los ricos del planeta, ni los líderes supremacistas, el foco recae ahora en la adolescente sueca Greta Thunberg adalid del cambio climático quien por segundo año consecutivo tendrá una relevante participación y oratoria a favor de demandarle a los empresarios y a los políticos  más acciones en pro de preservar el mundo.

Más compromisos y menos corte de caja, precisamente el tema de este año lleva como título “stakeholder capitalism” una llamarada de luz que el alemán Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial, defiende como vital para la supervivencia del tejido empresarial global en aras de adaptarse a desafíos inminentes tales como: la Cuarta Revolución Industrial, la eclosión de la Inteligencia Artificial, el cambio en el modo de producción y de los hábitos de consumo para favorecer otro modelo productivo verde, menos contaminante y amigable con los seres vivos.

Para Schwab, la pregunta inevitable es, ¿qué tipo de capitalismo queremos? A lo que el empresario teutón responde que se trata de una encrucijada que “definirá nuestra era” porque habrá que hacer un “sistema económico sostenible” para las generaciones futuras.

Las respuestas a dicha interrogante parecen estar marcadas por tres derroteros, según la percepción del líder empresarial que fundó en 1971 el Foro Económico Mundial, y pasan por encaminarse hacia: 1) Un capitalismo de accionistas que “considera  la obtención de beneficios como el  principal objetivo de las empresas y que es el modelo actual en buena parte de occidente; 2) después está el capitalismo de Estado, esto es, un modelo que “confía en el Estado para que marque la dirección de la economía” algo bastante usual en los mercados emergentes; y la tercera opción, 3) se trata del capitalismo de las partes  interesadas o “stakeholder capitalism” concepto que hace medio siglo fue abordado como “empresas  administradoras de la sociedad”.

De los tres esquemas referidos, el primero representa el presente, el segundo el pasado y el tercero el futuro para el mentor de Davos dado que no hay forma de que los empresarios se eximan de su responsabilidad en la sociedad… una que va mucho más allá de la responsabilidad corporativa porque se trata de ubicar a la empresa como una entidad vinculada con sus empleados, con sus accionistas, con sus proveedores, sus clientes así como con la comunidad local, el mercado nacional, el medioambiente, la generación de residuos y su propia huella ecológica.

“Ahora (por fin) está empezando a sumarse más gente a esta corriente “de las partes interesadas”. La Business Roundtable de los Estados Unidos, el grupo de presión más influyente de América, se ha mostrado particularmente a favor del capitalismo de las partes interesadas. Por otra parte, la denominada inversión de impacto también está adquiriendo importancia. Permite a los inversores buscar beneficios ambientales y sociales, además de financieros”, según Schwab.

A COLACIÓN

Por la cabeza del economista germano ronda la idea de presentar un “nuevo Manifiesto de Davos” que establezca aspectos como que las empresas paguen un porcentaje equitativo de impuestos.

En  las montañas alpinas  la preocupación va mucho más allá de  la pobreza,  del hambre o de la transnacionalización del capital, los más ricos del mundo entienden que deben ser más corresponsables para con la sociedad y anticipan un futuro en el que los consumidores –por el cambio generacional de hábitos alimenticios y de consumo- terminarán penalizando con su bolsillo a las empresas poco comprometidas.

Schwab le pone nombre a  la actual sacudida en las consciencias de los dueños de las grandes multinacionales, se trata del efecto “Greta Thunberg” ella significa el rostro de la ira y de la indignación de la generación millennial pero fundamentalmente de la generación Z que están dispuestos a renunciar al consumo de carne, a subirse a un avión, a comprar lo más vitalmente indispensable y a darle la espalda a quienes no asumen su rol fundamental de cambio y compromiso.

“La joven activista sueca nos recordó que el sistema económico actual constituye una traición a las generaciones futuras por el daño ambiental que provoca; y cada vez son más los ejecutivos y los inversores que empiezan a comprender que su éxito a largo plazo depende también del éxito de sus clientes, empleados y proveedores”, reconoce el gurú de Davos.

¿Habrá nuevos instrumentos para medir el compromiso? Se anticipa que pronto podría nacer otro parámetro para recabar información acerca de la creación de valor compartido que incluya baremos ambientales, sociales y de gobernanza.

Y hay presión para acelerar que los corporativos asuman ese rol necesario considerando que muchos -por su tamaño- son prácticamente enormes entidades tan fuertes económicamente hablando y con bifurcaciones en  multitud de países.