COYUNTURA EMPRESARIAL Y FINANCIERA

 

Estimado lector, si a usted le hicieran la pregunta ¿La situación económica de México es buena o mala? ¿Qué contestaría usted?

Si tiene un trabajo estable con ingreso mensual superior a los 15 mil pesos diría ¡buena!; si no tiene trabajo o no lo ha conseguido en los últimos 6 meses diría ¡pésima!; si siempre ha estado con un ingreso inferior a 3 mil pesos mensuales diría ¡igual de amolado!

Como observamos dar una respuesta a la pregunta inicial no se sencillo porque es difícil dar un juicio equilibrado y verdadero porque nuestras opiniones van a depender de la situación de vida que se tenga, el entorno donde se viva, la formación ideológica y los intereses que se represente.

Como marco general podemos señalar que la situación macroeconómica es regular porque en el 2019, el crecimiento de los precios fue del 2.8%, segundo nivel más bajo desde hace casi 50 años, por su parte el peso cerró en 18.80 unidades por dólar y ha mostrado una tendencia de apreciación desde hace 1 año, mientras que las tasas de interés medidas por la de Cetes a 28 días se ubican en 7.25%, con una baja de casi un punto en los últimos 12 meses.

La parte negativa es que en 2019 se tuvo un crecimiento de la economía del -0.3 al 0% medido a través del Producto Interno Bruto, cifra que contrasta con el 2.2% del año pasado y es la más baja desde el año 2008 en que se logró el 6.6%.

Al igual que en sexenios anteriores, la población se pregunta:

¿Dónde está el dinero y la mejora de mi nivel de vida porque yo no lo veo?

Desde mi óptica, al igual que a sus antecesores, a los gobernantes, legisladores y funcionarios, les hace falta que incluyan en su toma de decisiones económicas los indicadores que evalúen, midan y permitan corregir las disparidades sociales que tenemos, como podrían ser el índice de Gini que muestra la concentración de la riqueza y el índice de desarrollo humano que señala las oportunidades que se tienen para mejorar la condición de vida de la población.

De esta forma, se lograría lo que tanto señala el presidente López Obrador, tener un desarrollo económico, en caso contrario serán sólo palabras y buenos deseos lo que se genere.

Es de recalcar que la responsabilidad no es sólo del Gobierno Federal, son corresponsales los integrantes del Poder Legislativo (diputados y senadores) porque no han promovido las iniciativas que correspondan para tener la legislación necesaria al respecto, además de que sean dadas a conocer de forma periódica, oportuna y eficiente.

Tampoco puedo dejar de señalar que el INEGI genera la información necesaria para crear los indicadores de desarrollo social que se requieran y no solamente los de la evolución económica, financiera y geográfica.

Otro aspecto importante que se debe considerar es la demografía, recordemos que en 1960 éramos 19.6 millones de habitantes llegamos a 34.9 millones en 1960, a 81.2 millones en 1990, 125 millones en el 2020 y serán 150 millones en el 2050.

Lo anterior significa un crecimiento del 221% en sólo 50 años, creando el famoso bono demográfico, pero a su vez una fuerte necesidad de crear empleos para satisfacer las necesidades, lo cual no ha sucedido.

Bajo el mismo esquema dentro de 20 años, es decir a la vuelta de la esquina el problema que se presentará será cómo cubrir las vacantes de trabajo existentes porque serán 140.9 millones habitantes de los cuales el 18% corresponderá a adultos mayores.

¿Que se está haciendo para enfrentar estos retos?…….seguramente poco porque sólo se ve el aspecto económico y político de corto plazo, se analiza y se toman decisiones en función de ello, con grandes errores al desarrollar políticas públicas que según se planteo fueron para brindar un mejor servicio, como es el caso del Insabi, la compra de medicamentos, la eliminación de guarderías, etc, etc-

Como se observa se necesita tener una visión integral para la toma de decisiones económicas y financieras si queremos cambiar el futuro de nuestro País.

Ante lo anterior en mi rancho expresaron: “Todo cambia, ¡para seguir igual!