No puedo entender cuál es la prisa del presidente Enrique Peña Nieto para entregarle el despacho presidencial, en Palacio Nacional, a quien asumirá el cargo hasta dentro de 107 días, contados a partir de mañana jueves 16 de agosto de 2018.

Han trascurrido 39 días, después de las históricas elecciones, y ya son dos los encuentros entre Peña Nieto y  Andrés Manuel López Obrador. ¿Acuerdos? ¡Audiencias? ¿Visitas de cortesía? ¿Cómo podríamos clasificar tales eventos?

El martes 3 de julio el Presidente Constitucional paseó por los pasillos del institucional Palacio Nacional con el candidato triunfador, con el hombre que habrá de sucederlo el sábado 1 de diciembre. El jueves 9 de agosto la oficina presidencial fue nuevamente el escenario para el encuentro de ambos personajes, ahora López Obrador como Presidente Electo.

Cierto es que empieza una etapa de sucesos inéditos, de situaciones insólitas. El pasado auténticamente queda atrás. Comienza una nueva era. El futuro mandatario mexicano la denomina Cuarta Transformación y he leído que otros la llaman Regeneración en alusión al Movimiento de Regeneración Nacional que fue la base del partido político Morena.

Lo que estamos viviendo, lo que vemos en las noticias televisivas y leemos en los artículos de los analistas políticos, nos lleva a pensar que en la celeridad con que está actuando el tabasqueño y en  la pasividad del atlacomulquense “hay gato encerrado”. Parece que Peña Nieto quisiera que ya fuera viernes 30 de noviembre, salir corriendo del escenario y huir. Mientras que López Obrador demuestra que tiene toda la prisa del mundo para seguir en las actividades que comenzó el martes 3 de julio pasado, dando una conferencia de prensa en el Salón Tesorería de Palacio Nacional.

López Obrador no ha descanso un solo día, incluyendo su viaje de trabajo a la Selva Lacandona. Ha publicitado los nombres de sus colaboradores, entre ellos el del polémico Manuel Bartlett Díaz. Diariamente tiene reuniones con representantes de diferentes sectores y convenció al presidente Peña Nieto para que presente una iniciativa (ante el Senado) de reformas a la Ley General de la Administración Pública Federal, a efecto de que sea creada la Secretaría de Seguridad Pública y funcione desde el primer día de diciembre, así como que los senadores designen a los Fiscales, General de la República y al  que combatirá la corrupción.

Si mal no recuerdo, hace seis años las cosas no fueron precisamente así. El entonces presidente Felipe Calderón “invitó” al Presidente Electo Enrique Peña Nieto para que se encontraran en la residencia de Los Pinos y eso se repitió cinco o seis veces. De lo que se habló, poco o nada se supo. Pero algo acordaron que a la Procuradora General de Justicia, Marisela Morales Ibáñez la convirtieron en diplomática y como tal fue enviada Italia.

Al ingeniero Genaro García Luna que hizo carrera policíaca en los sexenios de Vicente Fox y de Calderón Hinojosa, la revista Forbes lo señaló como uno de los 10 funcionarios más corruptos de México y la periodista Anabel Hernández lo denunció por tener ligas con “El Chapo”. Como Secretario de Seguridad Pública Federal armó el sainete con la francesa Florence Cassez, sentenciada por varios delitos, liberada al iniciarse el sexenio de Peña Nieto. Pero a García Luna no le tocaron ni un pelo.

DOS PRESIDENTES EN ACCIÓN

Desde la sucesión presidencial de 1940 hasta la del 2012, el Presidente Electo dedicaba el tiempo para preparar su programa de trabajo, para integrar su equipo de trabajo y organizar el acto de toma de posesión, coordinadamente con la administración saliente. Hasta un día antes, casi siempre por la tarde o noche, un representante del nuevo presidente daba a conocer los nombres de quienes integraban el gabinete.

En este 2018 todo, todo, ha cambiado. Afortunadamente la transición se realiza en un ambiente tranquilo. Los dos presidentes, el que se va y el que llega, se han encontrado y aparecen en fotos y en videos con amplias sonrisas. Se les ve felices de la vida. Peña Nieto ha dejado campo libre a su sucesor, quien ya dio dos conferencias de prensa en Palacio Nacional.

López Obrador no ha tenido reposo alguno. Habla con todo mundo. Su decisión definitiva de incorporar a todos los militares y a los marinos a sus respectivas instituciones, así como a los civiles que pertenecen a instituciones policíacas, es la desaparición del Estado Mayor Presidencial y por consiguiente de Guardias Presidenciales. Tendrá su guardia personal de 10 hombres y 10 mujeres, todos con una licenciatura y no portarán armas. Los dirigirá un civil, según trascendió después de la segunda plática con Peña Nieto.

Pues bien, por primera vez en este Siglo XXI tenemos al Presidente Constitucional y al Presidente Electo en acción. Uno recorrerá el país para despedirse, cuando menos eso creo. Otro comenzará el domingo 16 de septiembre su gira por todo México, con el propósito de agradecer a quienes votaron por él y para dictar sus órdenes, aunque se haga de una manera subliminal.

Como dato sacado del archivo, les comento que entre el 6 de noviembre de 1914 y el 10 de octubre de 1915 hubo duplicidad de presidentes, por determinación de los villistas y zapatistas reunidos en la Convención Revolucionaria de Aguascalientes. El Poder Ejecutivo estaba en manos de don Venustiano Carranza, pero los convencionistas nombraron como presidentes, sucesivamente, a Eulalio Gutiérrez, a Roque González Garza y a Francisco Lagos Cházaro. Bueno, eran otros tiempos, otros motivos y otras circunstancias. Los tres no incomodaron a Carranza, porque casi no “trabajaron”.

PREGUNTA PARA MEDITAR:

¿El licenciado en Relaciones Internacionales y empresario restaurantero Daniel Asaf Manjarrez estará capacitado para ser el coordinador de la guardia personal del Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos?

jherrerav@live.com.mx