El Caballero Hwa Rang

 

Creo en la educación como la mejor herramienta para transformarse de manera individual, pero también como el mecanismo idóneo para enriquecer a nuestra comunidad.

Cuando cursé mi maestría en educación, conocí que este principio era fundamental desde nuestras culturas prehispánicas, en las que la labor del maestro o “temachtiani” estaba abocada a que sus discípulos tuvieran sabiduría.

Sin embargo, la labor del “temachtiani” no sustituía la que hacían, en el “calpulli” o colonia, las madres, los padres, hermanos y vecinos, para apreciar lo que los antiguos mexicanos llamaban la flor y el canto, que para nuestros pueblos era la alegría de vivir.

Puede entenderse que a través de los tiempos, la educación ha estado unida a la felicidad y a los valores.  De esta forma lo predicaban Platón y Sócrates, quienes asociaban la virtud al conocimiento, en tanto Aristóteles -el gran maestro de Alejandro Magno- ligaba los valores al desarrollo del carácter.

Además de mis estudios, a lo largo de mi vida aprendí también que esas virtudes se conocen de manera informal en el hogar y en lo familiar.

Esos valores de la educación informal son los que deberían pulirse en la escuela, porque como diría el pedagogo Víctor Félix Savoy: “el hombre logra acrecentarse a través de los diversos aprendizajes de su vida”. Sin embargo, en mi caso, fue el deporte el que reforzó y complementó la educación con los valores que me brindaron en el hogar.

Mis padres me impusieron la actividad deportiva como un complemento a mi formación, pero  el tae kwon do terminó por educar a toda la familia.

Nos enseñó a ser disciplinados para asistir al entrenamiento, a los torneos.  A ser persistentes para mejorar los resultados, pero de igual modo, a ser mesurados cuando ganas y muy solidarios si pierdes.

Al deporte le debo todo esto y mucho más. Por eso siempre he tratado de impulsarlo, para que niñas, niños,  jóvenes y adultos puedan disfrutarlo haciendo uso adecuado de su tiempo libre.

Es por ello que, teniendo el honor de ser el primer medallista olímpico de tae kwon do para mi país, he pugnado, en todos mis cargos, por hacer del deporte una cátedra que deberíamos tomar todos a lo largo de nuestra vida.

La semana pasada las autoridades del Tecnológico de Estudios Superiores de Cuautitlán Izcalli, hicieron el honor de otorgarme el grado de Doctor Honoris Causa por esta labor tanto en mi vida deportiva, personal y como funcionario público.

Es un honor ser el primero en recibir este Doctorado en una comunidad como Cuautitlán Izcalli, con ciudadanos talentosos y prominentes, a quienes la política les regatea espacios por el simple hecho de no pertenecer a algún clan o ser conocido de un mesías sagrado.

Reconozco que como Presidente Municipal ha sido más grande el reto de impulsar el deporte y los valores que éste genera y nutre.

Con el respaldo de mi Cabildo, nuestra administración ha apostado por  dignificar las escuelas con arcotechos firmes y duraderos, que permitan la actividad física, cultural y recreativa en cualquier época del año.

Hemos impulsado el rescate de parques públicos, de canchas escolares abandonadas, la creación de más comedores en los planteles, porque los espacios y los deportivos públicos son el último refugio para una recreación sana y el potencial desarrollo de un deporte popular y masivo

Con este reconocimiento del TESCI ratifico todo lo que me enseñó mi familia, el deporte, mis cargos y la escuela: la persistencia es más fructífera cuando se combina con la lucha de todos los días.