Con el destape de José Antonio Meade Kuribreña como aspirante a la candidatura del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la Presidencia de la República, se vislumbra una competencia cerrada con el candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador, que dividirá de nueva cuenta a los mexicanos en dos grandes bloques en favor de uno u otro político.

Esto porque con la experiencia de las anteriores elecciones, ha quedado de manifiesto que los mexicanos votamos más por los candidatos que por los partidos o por la corriente política que representan.

Los descalificativos entre ambos candidatos presidenciales no se hicieron esperar. De inmediato y como era de esperarse, el tabasqueño López Obrador, con su menguado lenguaje se refirió a Meade como un “pelele” y “señoritingo”. A su vez, el aspirante del PRI, calificó al peje de “rancio”. Esto al comentar sobre las propuestas del eterno candidato presidencial de la izquierda. O sea, los adjetivos y hasta insultos serán una constante entre ambos candidatos.

Sin duda ambos presentan claroscuros políticos cuyos seguidores se encargarán de magnificar en las campañas, en una muy posible guerra de declaraciones y golpes bajos para tratar de convencer a la mayoría de los votantes que no forman parte del voto duro de sus partidos y alianzas.

El ex titular de la SHCP representa la continuidad de los programas político y económico del Presidente Enrique Peña Nieto, fundamentalmente en la instrumentación de las reformas estructurales y en el mantenimiento de una estabilidad macroeconómica, cuidando que el déficit del sector público no se salga de control.

El tabasqueño representa un cambio en la administración pública en el que ya no participen, o lo hagan con menor intensidad, el grupo de tecnócratas que siempre privilegiaron al sistema político, económico y social en favor del capital nacional e internacional, sustentado en bajos niveles de crecimiento que no ha logrado abatir la pobreza y los problemas sociales que actualmente padecemos, como la delincuencia.

En el plano negativo, a José Antonio Meade se le adjudica que, si bien a él no le han encontrado casos de corrupción o tráfico de influencias, como en los casos de la casa blanca o la de Malinalco, OHL, Odebrecht, Higa, etcétera, en caso de ser presidente protegerá a sus amigos y ex jefes de ser enjuiciados incluso políticamente, además de que será controlado y manipulado por el actual secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray.

Por el lado de López Obrador ya son lugares comunes las acusaciones de que representa un peligro para la nación, en virtud de que su populismo, autoritarismo y obcecación por el poder, pueden llevarlo a adoptar medidas estatizadoras siguiendo el modelo venezolano y una posible intentona por perpetuarse en la Presidencia. A eso se suma ahora su ocurrencia, por no llamarlo de otra manera, de dar amnistía a las narcotraficantes.

Maquinarias políticas

A Meade lo respaldará la maquinaria priísta cuyo funcionamiento ha dado prueba en las elecciones recientes en el Estado de México, además de contar con el apoyo del sector empresarial y financiero, así como de cierto favoritismo en las autoridades electorales con el PRI, como se vio en las elecciones en Coahuila.

A Andrés Manuel lo están asesorando empresarios importantes como Alfonso Romo y Ricardo Salinas Pliego, a través de Esteban Moctezuma, el padre del corredor de autos Sergio “el Checo” Pérez y otros que lo hacen veladamente. Además una amplia red de intelectuales, grupos estudiantiles y sectores de la población politizada lo prefieren a él que al que denominan candidato del PRIAN.

Uno de los temas torales en el debate diario que se dará entre ambos, será sin duda los problemas de inseguridad, delincuencia, violencia y narcotráfico que padecemos los mexicanos hoy en día.

Será interesante conocer la propuesta que ofrezca Meade para abatir la inseguridad que en los últimos meses ha alcanzado niveles récord e incluso superiores a los alcanzados en el sexenio de Felipe Calderón.

En cuanto al líder de Morena, tampoco arrojó buenos resultados durante su gestión como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, y en su proyecto de gobierno recién publicado, dejan mucho que desear tanto su diagnóstico como sus propuestas, porque no presentan estrategias novedosas y diferentes que convenzan al ciudadano.

De ser electo en el 2018, José Antonio Meade será el primer presidente egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), la exclusiva universidad fundada por el poderoso empresario Alberto Bailleres, con doctorado en la Universidad de Yale.

Hijo de exfuncionario público, ha ocupado durante más de 26 años una gran variedad de cargos públicos en el Gobierno Federal, en distintas administraciones públicas incluyendo las panistas. Nunca ha sido candidato para ocupar un cargo de elección popular y no se ha afiliado a un partido político, por lo que el PRI lo presenta como un candidato ciudadano.

López Obrador es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Autónoma de México (UNAM). En 1970 se afilió al PRI en su natal Tabasco con el fin de participar en la política local y posteriormente ocupar diversos cargos públicos en el gobierno local y federal de menor nivel, hasta unirse al Partido de la Revolución Democrática en 1988.

Ha perdido dos elecciones tanto para ser gobernador de su estado como de la Presidencia de la República, sin embargo en el 2000 ganó la del gobierno del entonces Distrito Federal, donde, desde entonces, ha sabido aglutinar gran parte de la inconformidad social, sobre todo de las clases bajas.

Dos visiones, dos trayectorias, dos luchas, que los mexicanos tendrán que analizar y evaluar para depositar su confianza en alguno de ellos, esperando no arrepentirse como les ha sucedido a una gran parte de la población, en otras elecciones presidenciales.

De lo que sí podemos estar seguros es que, dadas las condiciones de la etapa electoral que estamos viviendo, lo que veremos será un choque de trenes, un auténtico encontronazo. Experiencia y mañas contra juventud y técnica; rudos contra técnicos, pues.

Los momios suben

A escasos siete meses de las elecciones federales en México, las campañas presidenciales de ambos candidatos, aún sin ser oficiales, comenzaron muy altisonantes y las apuestas corrieron de inmediato, aunque los sondeos, hasta hace una semana, cuando Meade hizo su autodestape, revelaban las preferencias de los votantes a favor todavía de Andrés Manuel López Obrador.

El Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE), firma dedicada a la realización de encuestas políticas y manejo de imagen, realizó un sondeo casi al mismo tiempo que se dio el autodestape de Meade y el resultado de ese ejercicio arrojó que el líder nacional de Morena lidereaba con el 28.7 por ciento, aventajando por casi cinco puntos al candidato del PRI, que a sólo un día de su destape se ganó el 23.2 por ciento de las preferencias.

Aunque todavía falta por ver quiénes serán los aspirantes presidenciales de los otros partidos políticos, así como el del Frente Ciudadano que representará al PAN y al PRD, no se tiene certeza de que logren mayor porcentaje en las elecciones y al menos uno de los independientes podría filtrarse a la contienda, es decir Margarita Zavala, ex militante del PAN, que ocupó la tercera posición en dicha encuesta, y de acuerdo al sondeo la esposa de Felipe Calderón obtendría el 11.5% de las papeletas.

Otros posibles candidatos como Ricardo Anaya y Miguel Ángel Mancera, se quedan con el 4.3 y el 4.0 por ciento, respectivamente, sin muchas posibilidades de verdaderamente sumarse a la carrera.

Por el momento, la moneda ya está en el aire y las apuestas siguen corriendo de aquí al primer domingo de julio del 2018.