Hace unos días,  las portadas de varios importantes tabloides en Europa difundieron una foto desoladora: una desencajada Angela Merkel con una de sus manos cubriendo su rostro, mostrándose  rebasada por los acontecimientos.  No logra formar Gobierno.

Ya transcurrieron más de dos meses (24 de septiembre) desde que la canciller germana se presentó a sus cuartas elecciones generales y volvió a obtener el triunfo, aunque esta vez mucho menos holgado.

Ha fracasado la flamante coalición a la Jamaica –por los colores de los partidos políticos- inicialmente ventilada para contar con los apoyos legislativos necesarios en el Bundestag.

La destacada política de 63 años de edad líder del partido Unión Demócrata Cristiana (CDU) sentó a su equipo a negociar con la Unión Social Cristiana (CSU) y el Partido Democrático Libre (FDP) y Los Verdes. Y todos  le han dicho que no.

La otra disyuntiva con el Partido Socialdemócrata (SPD) también encuentra sendos escollos dado que los socialistas esta vez rechazan una gran coalición  lo que coloca a Merkel y a su partido el CDU contra las cuerdas; en el dilema, de quedarse así y gobernar en minoría, y atreverse a buscar pactos legislativos con la ultraderecha de  Alternativa para Alemania (AfD) metida en el Congreso por vez primera desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial.

El partido Alternativa para Alemania es la tercera fuerza política con 87 escaños tras alcanzar el 12.6% de los votos gracias a un discurso visceral del odio al extraño.

La actual canciller en funciones lucha precisamente contra todo tipo de xenofobia, lo que implicaría una contradicción de acercarse a Alternativa y con los otros partidos más afines, los escollos –hasta el momento insalvables- pasan por el cupo migratorio una factura que ha tenido un costo político-electoral en Merkel.

Igualmente figura el tema de la reagrupación familiar a los refugiados sirios y la temporalidad de su estancia, el carácter de su residencia porque las voces opositoras decantan a favor de conceder –en determinados casos- estancias cortas a la espera de que vuelvan a  Siria.

Alemania finalizó 2016 con 1.6 millones de peticiones de asilo y cerrará este año con 800 mil  refugiados, tan polémica ha sido la decisión de hace unos meses de la Cancillería de acoger a los inmigrantes sirios que, el intento de extenderlo a reparto de cuotas entre los 27 países miembros de la UE encontró el rechazo inmediato de Polonia y de Hungría.

Después del tema de los refugiados, la ausencia de entendimiento con los otros partidos orbita en aspectos de política fiscal y la exigencia de Los Verdes por imponer nuevas acciones a favor de la ecología y el medio ambiente en concordancia con su ideología.

Con el Partido Democrático Libre (FDP) tampoco se avizoraba una alianza creíble ni  perdurable, a juicio del analista Miguel Jiménez, la entrada de los liberales en el gobierno es lo que más preocupación ha creado “ya que su bien conocida línea antieuropeísta puede frenar los intentos de un gran pacto entre Francia y Alemania para profundizar en la integración de la Unión, que es el gran tema de la agenda comunitaria para los próximos meses”.

PANORAMA ENTREVERADO

Los próximos pasos serán tomados por Frank-Walter Steinmeier, presidente de Alemania, que de acuerdo con la Constitución deberá reunirse con los representantes de todos los partidos políticos para tratar de “convencerles” del diálogo y entendimiento necesarios para formar Gobierno considerando el mandato de los electores.

Una vez efectuada la ronda de conversaciones con las fuerzas políticas, el presidente Steinmeier nombrará un candidato para ocupar la Cancillería que deberá comparecer en el Bundestag y buscar el respaldo de los partidos políticos; en caso de que Merkel no lograse la mayoría absoluta, sucedería otra ronda de votación.

De no obtener –otra vez- la mayoría absoluta,  habría una tercera ronda en la que bastaría la mayoría simple, lo que para el CDU implicaría la desventaja de la minoría.

En última opción,  Steinmeier puede disolver el Bundestag y convocar a otras elecciones generales que, sin un plazo límite marcado en la Constitución, podría darse en el mes de febrero de 2018 tomando en cuenta el tiempo de demora entre una comparecencia y otra en el Bundestag por parte de Merkel en las susodichas votaciones y considerando el parón laboral en las fiestas decembrinas.

¿Qué quiere Merkel? En una entrevista concedida para ARD, la televisión pública de Alemania, la política demócratacristiana aseveró que “dimitir no pasa por mi cabeza” y antes que todo “Alemania necesita estabilidad” por lo que no rechazó la posibilidad de otra elección y de volver a presentarse como candidata.