No soy mi padre. No soy mi madre. No soy ninguno de los integrantes de mi familia. No soy mis maestros en la escuela, ni tampoco soy las limitaciones de mi educación religiosa de la niñez. Soy yo mismo. Soy especial y único, con mi propio conjunto de talentos y habilidades. Nadie puede hacer las cosas exactamente de la manera en que yo puedo hacerlas. No existe la competencia ni la comparación. Soy digno de mi propio amor y mi propia aceptación. Soy un ser magnífico. Soy libre. Reconozco esto como una nueva verdad para mí.