No es lo mismo…
Por: Maricruz Rivera Garzón
Transporte fuerte, autoridad débil
Hace un año, el caso de Diana Segura López cimbró a la sociedad del Estado de México, principalmente del Valle de Toluca, quizá por tratarse de la primera universitaria que resultó tan afectada al ser atropellada por un autobús del transporte público de pasajeros, pero lamentablemente no había pasado ni un mes cuando ya había sucedido nuevamente, pues otra Diana, también estudiante de la Universidad Autónoma del Estado de México fue atropellada también y su vida cambió totalmente, para mal.

Ambas continúan luchando por justicia, pues ni a una ni a otra la autoridad ha sido capaz de resolver su situación. Las dos quedaron afectadas físicamente para siempre, amputadas, impedidas para moverse con la misma libertad que lo hacían antes de sus respectivos accidentes. Pero eso poco importa, parece, a quienes tienen la responsabilidad de ordenar el transporte público en esta entidad.

Se trata de una situación muy lamentable porque la vida nunca será igual para ellas, como tampoco lo será para más de una decena de casos similares que han ocurrido en el último año en el Valle de Toluca, los cuales han quedado totalmente impunes, porque a quienes laboran en esa dependencia hoy llamada Movilidad, poco o nada les ha interesado que las cosas sean diferentes.

Podrán decir en la secretaría de Movilidad que ellos ya no son responsables de lo que ocurra en el camino de la investigación y deslinde de responsabilidades, y quizá tengan razón, pero lo que sí habría que explicarles a esos que comanda el señor Isidro Pastor, es que ellos deberían tomar las medidas precautorias para obligar a las empresas que se ven inmersas en este tipo de situaciones a cumplir a los afectados.

Mejor que la secretaría de Movilidad nadie está más y mejor facultado para ejercer la acción administrativa en contra de los concesionarios y choferes del sistema público de transporte, y, una vez decomisados unos cuantos autobuses de esas líneas, pues no habría mucha dificultad en rematarlos y ceder el recurso obtenido a quien tiene que lamentablemente verse inmerso en una situación de ese tipo.

Porque si lo que pretenden es que tengamos la paciencia de santo para esperar a que el Agente del Ministerio Público haga su trabajo y de ahí un juez conozca y resuelva el caso, pues las cosas verdaderamente se complican, pues, a pesar de todas las reformas que pongan en marcha, la verdad es que nuestro lamentable sistema de justicia prácticamente está cojo, está manco y, sobre todo, ciego, pues hay verdades evidentes que tiene frente a sí que no es capaz de modo alguno de resolver, y este par de casos, los de las estudiantes atropelladas pone de relieve esa situación.

Qué más necesitará ver un juez para resolver que se cometió un crimen, mínimo el de lesiones, ya sin entrar en honduras sobre otro tipo de responsabilidades de tipo administrativo, pero creo que si alguien atropella a otro, y, por esa razón se le tiene que amputar un miembro del cuerpo, pues a cualquiera se le haría evidente que se lesionó a esa persona, a la víctima al afectado. Pero eso sería en un sistema de justicia realmente justo, que tuviera como base el sentido común, no en el nuestro, no en el del Estado de México.

Lo tengo nada que inventar, las cosas ahí están, lamentablemente son producto de la realidad, ahí están las dos jóvenes afectadas, lesionadas, amputadas, quienes un año después de sus respectivos accidentes no han recibido lo único a lo que aspiran: justicia.

Los señores jueces todavía discuten si la amputación de miembros inferiores que ambas tuvieron que enfrentar fue o no producto del atropellamiento. ¿Ciegos? Quizá, pero todavía no resuelven si les amputaron las piernas por el accidente o quizá por “moda”. Quizá en los pueblos de los señores jueces se estile que alguien vaya al súper mercado y diga, señor carnicero, por favor me corta una pierna, porque hoy amanecí con ganas de ser amputado.

Sé que lo escrito suena absolutamente estúpido, pero igual o más ha sido la forma de actuar de quienes imparten justicia, pues a más de un año de los accidentes de las universitarias, todavía no han sido capaces los señores jueces de resolver quién es el responsable de que eso haya ocurrido. ¿Se necesitará ser sabio para saber que perdieron una pierna y quedaron impedidas para caminar porque un orangután al volante tuvo la “exquisita” idea de atropellarlas?

Así de absurdo suena el proceder de los señores jueces, incluso de los señores agentes del Ministerio Público, a quienes se les ha hecho una tarea muy difícil colectar las evidencias que permitan comprobar la responsabilidad de quienes esos fatales días operaban las unidades de transporte involucradas.

Pero en fin. Ojalá pronto den respuesta la Procuraduría, Secretaria de Movilidad y el Tribunal Superior de Justicia.

 

 

Foto:trespm.com.mx